El
miedo, la desesperanza, la desilusión, la rabia, el dolor y la impotencia
han sido sentimientos que durante estos tres años nos han embargado, la
ausencia de nuestros compañeros asesinados el 21 de febrero de 2005 por
el ejército nos golpea diariamente el alma. Los
portadores de la muerte los que les quitaron la vida a Luis Eduardo, Bellanira,
Deiner, Santiago, Sandra, Alfonso, Alejandro y Natalia siguen en total impunidad,
ésta que durante décadas ha reinado en Urabá y que le permite
a esos mismos asesinos, asesinar y seguir llamándonos cuando nos matan
guerrilleros, ellos saben que el Estado, sus instituciones, están hoy día
para ampararlos en su accionar de exterminio contra la comunidad. Pero
esa desolación de estos tres años que siguen dejándonos cada
día sangre y muerte de campesinos y campesinas, es superado desde algo
que nosotros llamamos dignidad, la negación rotunda a la muerte y a sus
sembradores, pero una acción de negación que parte desde la vida
diaria que llevamos, el poder intentar crear un espacio alternativo y diferente
que muchas veces no lo hacemos pero que desde que amanece hasta que anoche intentamos
realizar. La
dignidad se hace palpable desde esa búsqueda, porque el mañana de
nuestros hijos sea diferente y que sea distinto desde lo que hacemos diariamente,
desde lo que podemos hacer como hombres y mujeres que de verdad buscamos la vida. El
sentido de la memoria se ve en ese acercamiento a la dignidad, ya que este sueño
de un mundo distinto fue pensado, luchado y vivido por muchos y muchas en la comunidad
y que por ello fueron asesinados. Mantener esa firmeza de convicción, esa
conciencia en un mundo donde la vida no vale es lo que llamamos dignidad. Esa
construcción de dignidad indudablemente tiene un camino mucho mas difícil
y a veces agotador y con los ojos del individualismo absurdo, pero creemos que
la memoria de nuestros compañeros nos da la fuerza para no retroceder,
para seguir en la esperanza de que la vida en dignidad sea una realidad para nuestro
país y las comunidades que viven en medio de la guerra. Estos
tres años es la conjugación de la desesperanza y de la dignidad,
la desesperanza de ver igual y peor todo, una zona en manos del paramilitarismo
en su legitimación, y un estado en su totalidad al servicio de esta lógica
de muerte, la realidad de exterminio y sus mecanismos de acción siguen
igual de intactos a los de hace tres años. Pero
la dignidad sigue allí dándonos la fuerza para caminar, en medio
de los bloqueos económicos a los que se nos someten, a las amenazas, a
la impunidad, a los asesinatos; nos negamos a cederle un espacio a los sembradores
del terror, y por ello a pesar de la toma de tierras de los paramilitares seguimos
resistiendo civilmente desde nuestras tierras, con lógicas orgánicas,
de soberanía alimentaria, de una educación para la vida y una economía
al servicio de la comunidad en acciones de solidaridad. Es
desde este juego de sentimientos que nos hemos lanzado a un retorno en medio del
conflicto armado, en medio de la escasez de recursos, en medio de la zozobra,
pero también en medio de la esperanza, esa que nos da mucha gente que cree
en nuestro proceso y que con sus cartas, con su ánimo, con su oración,
con su presencia con tantas manifestaciones de vida que hacen diariamente nos
dicen que están caminando con nosotros y que en medio de la oscuridad vale
la pena seguir encendiendo pequeñas luces de esperanza. Inicialmente
irán cinco familias de la comunidad a Mulatos, no hemos podido realizar
una mayor infraestructura mínima para poder ir mas familias, esperamos
poder seguir haciéndolo, estas familias se unen a otras tantas familias
que caminan con nosotros y que pronto llamaremos zonas humanitarias (Rodozali,
Sabaleta, El Venado, Las Monas, La Hoz), las cuales viven riesgos y peligros inminentes
contra sus vidas ante el accionar conjunto de los paramilitares y la fuerza pública
en la zona de Nueva Antioquia. De
nuevo reiteramos nuestro agradecimiento a esa solidaridad de tantos y tantas que
no estarán con nosotros este 21 día de febrero retornando y acompañándonos,
pero que su corazón estará unido en cada latido a nuestros corazones
siendo un solo palpitar de vida y dignidad. COMUNIDAD
DE PAZ DE SAN JOSE DE APARTADO |