GUERRA
DE UNA HISTORIA
Por
Antonio Morales Riveira
Después
de la gran marcha anti FARC del pasado 4 de febrero en Colombia, una nueva jornada
contra los violentos, convocada por otro sector de la ciudadanía, se está
preparando para el 6 de marzo. Pero no bien la nueva marcha nacional fue convocada
(esta vez para denunciar los crímenes de los paramilitares y de sectores
del Estado que han practicado el terrorismo dentro de la doctrina de la seguridad
Democrática del presidente Uribe) el gobierno y sus más recalcitrantes
y extremos defensores, se apresuraron a descalificar este llamado, aduciendo que
se trata de una marcha en favor de las FARC. Nada más falso. Nada más
sucio proveniente de quienes desde siempre han practicado todas las guerras sucias.
Las
gentes que salgan el 6 de marzo a las calles, marcharán para que el país
que salió el 4 de febrero, no olvide nunca, que no solo la guerrilla ha
herido en el alma a esta nación, sino que los grupos de auto defensa de
extrema derecha aportaron y aportan aun hoy, supuestamente desmovilizados, una
cuota aun más sangrienta al horror de este conflicto. Lejos está
esta convocatoria de pretender avalar nada del accionar de las FARC. Se trata
de generalizar la condena a todos los violentos, de reparar aunque sea en la metáfora
de las banderas blancas, alguna parte del dolor sufrido por millones de campesinos
que fueron y son objetivo militar del narco-paramilitarismo, no pocas veces sostenidos
por agentes del Estado en claras prácticas de ese otro terrorismo, que
no por estar oculto tras la mampara del poder, deja de serlo: Terrorismo de Estado.
Como
si dice en México y por estos lados también Jalisco nunca
pierda y cuando pierda arrebata. El uribismo, ahora enfrascado en una segunda
reelección del Mesías, no acepta protesta distinta a la suya en
su corta y miope visión de la democracia, que como siempre, ha de ser excluyente,
esta vez excluyendo de las protestas por la vida, a las víctimas de sus
socios naturales, los paramilitares.
Tal
parece que para los sectores de la extrema derecha que han sido cuando menos cómplices
de los inenarrables crímenes del paramilitarismo, hay unos actores armados
buenos (los paras) , una víctimas buenas (las de
la guerrilla) y otros actores malos y otras víctimas lanzadas a la invisibilidad,
los miles de muertos y los millones de desplazados causados por el paramilitarismo
amparados por potentados inmensamente ricos del capitalismo agrario, el comercio
y claro está buena parte de la clase política colombiana, treinta
de cuyos congresistas pro- paramilitares están en la cárcel.
Es
decir que en este régimen que insiste a través del asesor presidencial
José Obdulio Gaviria que en Colombia los crímenes de Estado "no
existen como delito sistemático y que los paramilitares "en
su gran mayoría se desmovilizaron gracias a la política de seguridad
democrática", la posibilidad de protestar solo se le concede por lo
menos en el campo de esa cierta ética , a quienes están
de acuerdo con el gobierno, pero no a las víctimas de quienes alguna vez
fueron los socios políticos y armados ilegalmente del proyecto de Seguridad
Democrática.
Los
datos reiterados de los falsos positivos (asesinatos de campesinos por parte de
los militares para hacerlos aparecer como guerrilleros dados de baja) y de la
implicación de agentes del Estado en numerosas violaciones a los derechos
humanos en los últimos cinco años, están al alcance de todos
en Internet. Los paramilitares siguen delinquiendo desde las cárceles,
sus fuerzas se reorganizan bajo el nombre de Águilas Negras y otras bandas.
Basta viajar por el norte de Colombia para que ver que el para-Estado está
ahí, recompuesto aun más desde las pasadas elecciones municipales,
cuando se quedó con el poder y la administración en prácticamente
todos los municipios de la costa Atlántica. Al alcance de todos está
la información sobre la corrupción y la penetración del narcotráfico
y el paramilitarismo en diversas instituciones del estado colombiano como el Congreso
de la República, la Fiscalía General de la Nación, el Ejército
Nacional, la Policía Nacional, el DAS
algunas gobernaciones y alcaldías
y algunas embajadas y consulados. Hay transnacionales que han financiado escuadrones
de mercenarios para asesinar a líderes sindicales. Chiquita Brands, Nestlé,
Coca Cola
Se
trata pues de una marcha que no es excluyente y que igualmente reconoce y está
de acuerdo con la del 4 de febrero, fundamentalmente contra el secuestro y las
FARC. Pero, ¿dónde están los más de 500 colombianos
secuestrados por los paramilitares? Dónde están sus cuerpos, habría
que decir. Una marcha pues contra la guerra en todas sus manifestaciones y no
solamente favorable a la guerra contra las FARC. Por el Acuerdo Humanitario, por
el regreso al campo con tierras y garantías de tres millones de desplazados,
en su mayoría víctimas del paramilitarismo...
Todo
apunta pues, desde el gobierno, al asociar la marcha del 6 de marzo a un falso
apoyo a las FARC, a la necesidad de impedir las expresiones que no sean las suyas.
Una marcha convocada por las FARC· dice José Obdulio
Gaviria. Mentira. Un señalamiento del gobierno para meter en el mismo fardo
a la oposición desarmada y a la guerrilla, para señalar y poner
en peligro a quienes se atrevan a marchar contra los paras,
Pero
esta historia no es nueva
12
de Octubre de 1492: Martín Alonso Pinzón avista tierra, y entre
alaridos y babas cree con el otro, su almirante, haber llegado a Sipango. De ahí
las Indias y esta historia de muertes.
Mil
quinientos y tantas: Un cartógrafo que nunca se movió de su pupitre,
roba datos de los que si se movieron y dice haber hallado un nuevo continente.
Las tierras empiezan a llamarse América en honor al impostor.
Leoncico,
un can bastardo como todos los mejores, otea un viento fresco y salta de alegría.
Su amo, el tal Balboa, un empecinado del Mediterráneo, descubre
una vez más lo que el otro mundo ya conocía y lo llama Pacífico.
Mentira, nada más belicoso que este sitio.
La
indiada insurrecta y agredida -los caribs- responde a las masacres y quema rigurosamente
aquella la primera ciudad del poder ibérico, Santa María la
antigua del Darién.
Apiadado
y seguro de las enseñanzas de un tal Jesús de Nazareth, el padre
Bartolomé de las Casas se empeña en narrar una historia que no es
la de la corona. Habla de ellos, los indios, y los eleva a la categoría
de seres humanos.
El
ilustrado bandido Gonzalo Jiménez de Quesada emprende una expedición
subiendo el Magdalena y tras duras marchas y otras penurias llega a la Sabana
de Bacatá a matar indios.
Hernán
Pérez de Quesada, el brusco hermano del conquistador, somete a tortura
a la indiada que inventara el recurso distractor de El Dorado.
El
bullonismo, aquel atávico precursor del neoliberalismo, esa enfermedad
de acumular oro, causa en estas tierras de América una masacre de 16 millones
de seres.
Por
siglos el virreinato de la Nueva Granada importa hacia los Andes clavicordios,
golas, leontinas y miserias.
Un
cura, un tonsurado de Roma, engaña a los rebeldes y en el Puente del Común
la rebelión de los Comuneros, antes de la república francesa, es
vencida y la cabeza de Galán es paseada por las tierras de Santander para
que nadie nunca más se insurrecte.
Viene
la Independencia y con ella esta República. Doscientos años de bala,
bi partidismo y más bala.
El
gobierno colombiano descalifica la marcha del 6 de marzo próximo, que recoge
toda esta historia. ¿Además de querer ser por siempre sucesor de
si mismo, de quién más es sucesor Álvaro Uribe?